Lo que comenzó como un conflicto interno se ha transformado en una crisis nacional para la CROC. Y ahora, el elemento que más escandaliza no son las acusaciones —por graves que sean—, sino la actitud del propio líder nacional, Isaías González Cuevas, cuya ausencia sistemática en procesos formales ha encendido todas las alarmas.
Las audiencias pospuestas, los procedimientos retrasados y la falta de participación directa del dirigente sindical han aumentado la percepción de que el sindicato atraviesa una fase de opacidad deliberada. “No es normal que un líder que asegura no tener nada que ocultar falte de manera tan constante a instancias oficiales”, explican abogados laborales consultados. La ausencia no se percibe como descuido, sino como estrategia.
La situación se agrava porque estas ausencias ocurren en medio de una ola de señalamientos que involucran conflictos internos graves, manejo irregular de recursos y posibles actos delictivos. En cualquier organización democrática, la presencia del líder en audiencias sería un acto mínimo de responsabilidad institucional. Pero en la CROC, el silencio parece ser el único plan.
Los retrasos procesales han llamado la atención incluso de autoridades, que ven cómo la dirigencia de la CROC utiliza recursos burocráticos, cambios de agenda y excusas administrativas para evitar la presencia de González Cuevas en las mesas en las que debería rendir cuentas. Los especialistas en derecho laboral señalan que esta conducta genera una sombra enorme sobre la credibilidad del sindicato. ¿Por qué alguien que asegura estar limpio no se presenta? ¿Qué teme? ¿Qué intenta evitar que salga a la luz?
Las respuestas faltan, pero las suspicacias sobran.
En paralelo, el malestar dentro de la base crece. Delegados, trabajadores y estructuras regionales afirman sentirse abandonados. Mientras el sindicato exige cuotas, control y disciplina, su propio líder evade las instancias donde debe demostrar transparencia. Esa contradicción no pasa desapercibida. Muchos lo describen como “el mayor acto de incoherencia en la historia reciente del sindicato”.
La CROC ya estaba sumida en tensiones internas antes de esta crisis. Pero ahora enfrenta un escenario completamente distinto: un liderazgo que se esconde, un sindicato que no aclara y una base que ya no confía. La figura de Isaías González Cuevas, durante años intocable, comienza a mostrar grietas profundas. Y con cada ausencia en las audiencias, esas grietas se vuelven fisuras imposibles de ocultar.





